Espárragos de puta madre
by John Tones y eunice szpillman
Estas cajas de espárragos estaban en el escaparate de un bar muy céntrico de Madrid, posiblemente desde siempre, pero sólo ahora han dejado notar su desafiante presencia. Hace un par de semanas quedamos fascinados con la procacidad del envase, y hasta aquí lo hemos traído. Aunque todo el fuste de este post parece estar en lo grueso de la cuestión cojonudil, la riqueza y sutileza de los detalles es los que convierte a esta caja en un ítem de coleccionista (el ultramarinos estaba cerrado, no pregunten, ya, tenemos que pasar un día a agenciarnos una lata). Para empezar, la desconcertante decisión de entrecomillar “Cojonudos”. Como citando a algún experto esparraguista. “Don Vicente, ¿cómo están los espárragos?” – “Cojonudos” – “Coño, pues podíamos ponerlo en la caja, que Don Vicente sabe un huevo de esto”. La marca, Bujanda, tiene una sonoridad que sólo puede ser igualada por “melones” o “testículos”, y “Pelados a mano”, dadas las circunstancias, puede entenderse como una inteligente oda al entrelineado culinario.
Y por si fuera poco, observen la leyenda que resume un poco la actitud del envasador de espárragos nacional: “Enhorabuena por confiar en nuestros productos”. No gracias, no. Enhorabuena. Que si no confías, tú te lo pierdes. Gilipollas.